Un proyecto universitario lleva a tres jóvenes a documentar la búsqueda de un cazador furtivo de osos pardos en las montañas de Noruega. Sin embargo, cuando los estudiantes alcanzan al furtivo, este les revela que no son osos aquello que el caza, sino trolls. Tras la incredulidad inicial, los estudiantes deciden seguir al cazador para atestiguar la existencia de las criaturas mitológicas.
A medio camino entre las películas del cine mondo y las docuficciones, Trolljegeren repasa el folklore escandinavo para ofrecernos al troll en todo su esplendor. Olvidemos las referencias a la mitología tolkiana por un segundo; un troll, o Jötun en la mitología nórdica, es un gigante, un espíritu de la naturaleza dotado de una fuerza y un tamaño sobrehumanos. Según el folklore nórdico, estos gigantes son extremadamente sensibles a la luz, pudiendo llegar a morir tras una exposición continuada a ella, y disfrutan mortificando a los cristianos y comiéndose sus cabezas de ganado.
Uno de los primeros aspectos que llaman la atención de la película es el carácter detallado de los efectos especiales. Pese a no contar con una gran presupuesto, las CGI repartidas a lo largo de la película están tan detalladas que llegan a hacernos olvidar por una pequeña fracción de segundo que los trolls han sido creados por ordenador. No solo las CGI están cuidadas, sino también su interacción con el mundo real, consiguiendo muy buenos efectos durante todo el filme.
Sin embargo, la película flojea mucho en el guión. La cinta no desarrolla de un modo claro las motivaciones de los protagonistas, dando la sensación de que los personajes se mueven de un sitio a otro sin un objetivo aparente, convirtiendo la película en una sucesión de escenas relacionadas con trolls pero sin cohesión entre ellas. Si a esto le añadimos que la película se vuelve surreal conforme continuamos viéndola y que los protagonistas parecen olvidar las cosas de un momento a otro (ya me entenderéis), podéis acabar preguntándoos por qué seguís viendo Trolljegeren cuando aún os queden unos veinte minutos para que termine.
En definitiva, otra de las tantas películas que se apuntan a la moda de la cámara al hombro y se quedan a medio camino del estrellato. Unos muy logrados efectos especiales no logran salvar a un guión que hace aguas casi desde el principio; una pena, ya que tenía muy buena pinta en el tráiler.

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