lunes, 28 de febrero de 2011

Black Death, de Christopher Smith.



                El año de nuestro Señor, 1348. La peste se cierne sobre toda Europa, acabando con la vida de miles de personas. La Iglesia asegura que la plaga es un castigo divino por nuestros pecados; sin embargo, no todo el mundo tiene la misma idea. Osmund (Eddie Redmayne) es un novicio que ha atentado contra Dios, rompiendo el voto de castidad con una joven campesina del pueblo. Afortunadamente, quizá Dios aún le escuche; mientras rezaba por su salvación, un grupo de mercenarios enviados por el obispo busca un guía para encontrar un poblado en el pantano donde aseguran habita un nigromante.

Con una gran cantidad de elementos en común con The 13th Warrior y The Wicker Man, Black Death explota la idea del miedo a lo desconocido. En una época en la que la religión gobernaba completamente al pueblo, un baluarte de la fe compuesto por un grupo de soldados y un joven novicio deberá luchar por mantener la cordura y sus ideales en un mundo en el que ya nada parece tener sentido.

Sean Bean vuelve a mostrarnos su familiaridad con una cota de escamas encarnado en Ulric, el elegido del obispo para liderar al grupo de mercenarios. Hace tiempo ya que pudimos verlo en The Lord Of The Rings pero, para aquellos a los que les emocionó ver caer a Boromir ante una legión de orcos y uruk-hai, aquí tenemos una segunda oportunidad para contemplarlo en un mundo medieval. Pese a que Ulric no resulta ser un personaje muy desarrollado, como la gran mayoría de personajes en la historia, Bean logra emocionarnos en algunos momentos durante la hora y media que dura aproximadamente la cinta.

Pese a su bajo presupuesto, la película está bastante bien caracterizada, incluso me atrevería a decir que cuenta con un guion bastante adecuado, capaz de envolvernos desde el principio al fin de la película. Sin embargo, todos aquellos que esperen ver una película de acción a raudales se llevarán una gran decepción. En definitiva, otra gran película de Christopher Smith.

Behind The Mask: The Rise Of Leslie Vernon, de Scott Glosserman.



                Mike Myers, Jason Voorhees, Freddie Krueger… son oscuras leyendas de EEUU, asesinos implacables que persiguen a sus víctimas hasta acabar con todas una a una pero, ¿cuáles son exactamente sus motivaciones? ¿Y sus costumbres? ¿Qué características buscan entre sus víctimas? Un grupo de periodistas ha contactado con Leslie Vernon (Nathan Baesel),  el relevo generacional de estos sociópatas, y se dispone a seguirlo en el complejo oficio del asesino en serie para tratar de responder a todas estas preguntas.

                Apadrinada por dos hitos del cine de terror, Robert Englund y Zelda Rubinstein, Behind The Mask… es una vuelta de tuerca respecto de lo que acostumbramos a ver. En las películas de este género, es el punto de vista de la víctima el que prevalece; mucho menos a menudo, podemos ver el filme entero desde los ojos del asesino pero nunca, y digo nunca, se ha ofrecido una perspectiva parecida en cualquier otra película. La película es un soplo de frescor en un género lleno de monotonía y remakes, algo que realmente se agradece por los amantes del cine de terror.

                El personaje de Leslie Vernon es el mayor punto a favor de la película. Leslie es un sociópata muy poco ortodoxo, no solo permite que unos periodistas le acompañen durante todo el trayecto, sino que les enseña el vocabulario del mundillo e incluso a un asesino en serie que se retiró hace ya unos años. Si a todo esto le añadimos que el personaje consigue simpatizar de una manera natural con el espectador, tenemos uno de los mejores asesinos del cine de terror contemporáneo. Puedo aseguraros que al final de la película más de uno apoyara a Vernon antes que al grupito de adolescentes.

                Definitivamente, una de las mejores películas de terror de los últimos años.

Black Swan, de Darren Aronofsky.



                Como todos los días, Nina Sayers (Natalie Portman) examina y cura sus pies, prepara sus zapatillas de ballet y realiza un exhaustivo ejercicio de estiramiento antes de ir a su entrenamiento diario. Pero hoy no es un día como cualquier otro, se rumorea que el director del teatro (Vincent Cassel) busca una nueva bailarina principal para la próxima temporada, que empezara con una reinterpretación de El Lago De Los Cisnes

                Black Swan supone una carrera a contrarreloj por el interior de la mente de la protagonista quién, cuanto más cerca se encuentra el estreno, más se aleja de la cordura. Sin embargo, lo que podría haber sido una buena idea, se desarrolla de un modo tan denso que hace que el espectador pierda el interés en la trama. No solo cuenta con un desarrollo lento y pesado, sino que encima resulta confuso; y, aunque, esa misma pueda ser la intención del director, dicha confusión evoluciona de un modo incoherente, pudiendo haber sido corregida para que fuera algo más gradual y adquiriera su mayor exponente en el final, la única escena que salvaría realmente de la cinta. Añadir, además, que los personajes parecen sacados de un psiquiátrico, la demencia en ellos llega a niveles insospechados, obligando a preguntarme si El Lago De Los Cisnes se va a estrenar en un hospital en vez de en el teatro.

                Desafortunadamente, esta vez no pude ver la película en versión original y no gocé de la interpretación de los actores al cien por cien. Pero, pese al doblaje, Natalie Portman ha realizado un papel sensacional, digno de los Oscars, pudiendo ser de las pocas nominaciones con las que estaba de acuerdo. Rota bajo la presión del estreno, Portman es capaz de transmitir la ansiedad del momento con solo un par de segundos contemplándola. No solo ha sabido enfrentarse a una película de tal envergadura como Black Swan, sino que la ha aprovechado para mostrar su verdadero potencial, convirtiéndose en una de las actrices del momento.

                En conclusión, una película para “entendidos”, para aquellos que gozan de una capacidad intelectual casi divina que son capaces de, no solo entenderla, sino alabarla. Para el resto de mortales no es más que una película lenta y confusa que, ni en sus momentos más lúcidos, logra involucrar al público, que sentirá que han jugado con él en más de una ocasión.

jueves, 24 de febrero de 2011

Burke And Hare, de John Landis.


                En pleno siglo XIX, Burke (Simon Pegg) y Hare (Andy Serkis) se ganan la vida como pueden entre estafas y trabajos sin importancia en Edimburgo. Sin embargo, las prohibitivas leyes respecto al estudio del cuerpo humano y la competencia entre dos grandes escuelas de medicina, les ofrecerán la solución a sus problemas económicos, la venta de cadáveres a una de las instituciones.

                Mundialmente conocido por películas como The Blues Brothers, Spies Like Us o Animal House, John Landis es uno de los máximos exponentes de la comedia americana de los 80. Sin embargo, entre malos guiones y peores taquillas, sus películas en los 90 no pasaban por un buen momento. Landis decidió tomarse un descanso de la dirección y dedicarse a otros asuntos, retomando alguna que otra vez el trabajo para dirigir un documental o capítulo de serie. Afortunadamente, tras casi una década de silencio, John Landis ha vuelto a sentarse en la silla de director para contar su particular visión de los famosos crímenes de West Port.

                Burke And Hare es una comedia negra muy bien ambientada en la Edimburgo de  1828. Asegurando ser una historia real, menos en las partes en las que no, la película nos presenta a los históricos Burke y Hare como dos antihéroes perezosos y embusteros que se ven envueltos en infinidad de líos tras la búsqueda del dinero fácil. Aunque Simon Pegg no hace un mal papel, quien brilla de entre estos dos embaucadores es Andy Serkis, quien vuelve a mostrarnos su lado cómico como ya hizo en The Cottage.

                Junto a Pegg y Serkis, también podemos encontrar actores del tamaño de Isla Fisher, Tim Curry y Tom Wilkinson, aunque es Jessica Hynes quien, a mi parecer, se lleva los laureles. El matrimonio Hare no sería lo mismo sin Lucky, una mujer fría e irreverente que vuelve a encontrar el fuego de la pasión cuando descubre el nuevo oficio de su marido. Por supuesto, no puedo olvidar los breves cameos de Christopher Lee y Steve Speirs, a quien muchos recordaran por su papel de Loquasto en Krod Mandoon and The Flaming Sword Of Fire.

                En definitiva, una interesante comedia de época en la que los malos no son tan malos y todo lo hacen por amor… ¿o era dinero? Tendréis que verla para averiguarlo.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Trolljegeren, de André Øvredal.



                Un proyecto universitario lleva a tres jóvenes a documentar la búsqueda de un cazador furtivo de osos pardos en las montañas de Noruega. Sin embargo, cuando los estudiantes alcanzan al furtivo, este les revela que no son osos aquello que el caza, sino trolls. Tras la incredulidad inicial, los estudiantes deciden seguir al cazador para atestiguar la existencia de las criaturas mitológicas.

A medio camino entre las películas del cine mondo y las docuficciones, Trolljegeren repasa el folklore escandinavo para ofrecernos al troll en todo su esplendor. Olvidemos las referencias a la mitología tolkiana por un segundo; un troll, o Jötun en la mitología nórdica, es un gigante, un espíritu de la naturaleza dotado de una fuerza y un tamaño sobrehumanos. Según el folklore nórdico, estos gigantes son extremadamente sensibles a la luz, pudiendo llegar a morir tras una exposición continuada a ella, y disfrutan mortificando a los cristianos y comiéndose sus cabezas de ganado.

Uno de los primeros aspectos que llaman la atención de la película es el carácter detallado de los efectos especiales. Pese a no contar con una gran presupuesto, las CGI repartidas a lo largo de la película están tan detalladas que llegan a hacernos olvidar por una pequeña fracción de segundo que los trolls han sido creados por ordenador. No solo las CGI están cuidadas, sino también su interacción con el mundo real, consiguiendo muy buenos efectos durante todo el filme.

Sin embargo,  la película flojea mucho en el guión. La cinta no desarrolla de un modo claro las motivaciones de los protagonistas, dando la sensación de que los personajes se mueven de un sitio a otro sin un objetivo aparente, convirtiendo la película en una sucesión de escenas relacionadas con trolls pero sin cohesión entre ellas. Si a esto le añadimos que la película se vuelve surreal conforme continuamos viéndola y que los protagonistas parecen olvidar las cosas de un momento a otro (ya me entenderéis), podéis acabar preguntándoos por qué seguís viendo Trolljegeren cuando aún os queden unos veinte minutos para que termine.

En definitiva, otra de las tantas películas que se apuntan a la moda de la cámara al hombro y se quedan a medio camino del estrellato. Unos muy logrados efectos especiales no logran salvar a un guión que hace aguas casi desde el principio; una pena, ya que tenía muy buena pinta en el tráiler.

lunes, 21 de febrero de 2011

Rare Exports, de Jalmari Helander.


                Ganadora del festival de Sitges de 2010, la finlandesa Rare Exports: A Christmas Tale nos lleva a un pequeño pueblo de Laponia en la falda de una montaña llamada Korvatunturi. Una misteriosa excavación ha comenzado en la montaña y Pietari Kontio, un joven muchacho del pueblo, está seguro de que están intentando desenterrar a Santa Claus. Sin embargo, la leyenda cuenta que Santa Claus es una criatura mucho más peligrosa de lo que se cuenta hoy en día, en realidad se trata de una criatura extremadamente peligrosa que disfruta secuestrando niños y comiendo dulces navideños.

                El mundo de Rare Exports nació en un cortometraje de 2003, Rare Exports: Inc., donde nos presentaban una compañía finlandesa que exportaba “Santa Clauses” al resto del mundo. El corto fue muy bien recibido, hasta tal punto que dos años más tarde, se estrenaba un segundo corto, Rare Exports: The Official Safety Instructions, en el que nos mostraban las medidas de seguridad a tomar en cuenta si pedíamos nuestro propio Santa Claus. Rare Exports: A Christmas Tale nació unos años más tarde, cuando el director decidió llevar la historia a la gran pantalla.

                La película no busca en ningún momento sorprendernos con un guion elaborado, sino todo lo contrario, asemejándola a un auténtico cuento de Navidad. He de añadir que, ya que la película tampoco cuenta con unas escenas muy violentas (la restricción de edad podría deberse a los desnudos masculinos, algún que otro animal muerto y el lenguaje ofensivo que usan los padres algunas veces), quizá habría sido mejor convertirla en una película familiar, gozando así del público infantil. Respecto al reparto, a veces parece que los actores sobreactúan un poco, pero bien podría ser debido al lenguaje y las costumbres del norte, ya  que cuentan con una larga filmografía, basta con ver sus fichas técnicas en imdb.
                 
                En conclusión, se la recomiendo a todos aquellos amantes de las películas ochenteras como “The Lost Boys” o “Stand By Me”, pues tienen una gran cantidad de aspectos en común. Como ya he dicho, no esperéis una gran historia, pero si una pequeña aventura que disfrutaréis de principio a fin.

                Antes de que empecéis a verla, una pequeña lección de historia finlandesa para que la entendáis mejor: desde el principio, el protagonista sabe que Santa Claus se encuentra en Korvatunturi. Esto se debe a un programa de radio que se emitió en Finlandia entre los años 1927 y 1956 llamado “Markus-sedän lastentunti”. En este programa, el locutor afirmaba que Santa Claus vivía en esa montaña y desde allí escuchaba en todo momento a los niños y averiguaba si se portaban bien o no. Desde entonces, todos los niños en Finlandia, cuando envían la carta a Santa Claus, la envían al 99999 de Korvatunturi.

                Aquí podéis ver los cortos:





sábado, 19 de febrero de 2011

The Sunset Limited, de Tommy Lee Jones.



                Basada en la homónima obra de teatro escrita por Cormac McCarthy, The Sunset Limited nos sitúa unos minutos después de un intento fallido de suicidio. En una inhóspita habitación discuten dos personas: White (Tommy Lee Jones), un respetado profesor de universidad que ha perdido las ganas de vivir, y Black (Samuel L. Jackson), un devoto ex-convicto que intenta llevarlo por el buen camino.

                Al contrario que en el resto de películas, con un modesto juego de cámaras y una habitación prácticamente vacía (tal y como en el teatro), la película nos obliga a prestar atención a los actores y al diálogo, nada más importa. Y qué diálogo, lograr que una discusión dure una hora y media y que, además, no logre aburrir en ningún momento, sino todo lo contrario, convierte a McCarthy en un verdadero maestro.

                Tommy Lee Jones y, sobre todo, Samuel L. Jackson realizan sus papeles con un gusto exquisito. White, siempre escéptico e incrédulo, y Black, irónico y ferviente, no son sólo dos personajes muy bien definidos a lo largo de la obra sino que se mueven, se comportan e incluso hablan como uno podría imaginarlos. Da gusto ver a actores realizando papeles de teatro, demostrando que dejando a un lado explosiones, juegos de luces y demás efectos especiales, aún quedan buenos intérpretes en el mundo del cine.

                Definitivamente una película obligada, sobre todo si tienes ganas de disfrutar de una buena obra de teatro desde el sofá de tu casa.

viernes, 18 de febrero de 2011

Doña Esperanza

Doña Esperanza cargaba con su habitual bolso de piel de primera calidad, recuerdo de cuando aún sus hijos se acordaban de ella. Seis años habían pasado ya desde que su hija María se lo regalara unos días después de su cumpleaños, antes de irse a Francia con sus hijos. Seis años, y aún llevaba ese bolso de aquí para allá, lleno a rebosar de utensilios y cachivaches que encontraba de vez en cuando. Síndrome de Diogénesis, o algo así, decían los doctores que tenía, pero eso a ella la traía sin cuidado, cada uno de los pequeños tesoros que ocultaba en su bolso simbolizaba algo muy especial para ella, aunque hacía tiempo que ya no recordaba que podría ser.

La distraída ancianita aceleró el paso cuando escuchó el repique de las campanas de la iglesia, al padre Otero no le gustaba esperar a sus fieles. Así pues, Doña Esperanza se arremangó el vestido y se dirigió por la calle Lorca hacía la capilla, no sin antes recoger una moneda rota que se encontró en la esquina con la calle Albéniz y una piedra de un color oxidado que le llamó la atención al cruzar por el puente sobre el pequeño arroyo que cruzaba el pueblo.

El sacerdote miraba su reloj mientras sus feligreses cruzaban el enorme portal del templo, quedaba exactamente un minuto para las siete de la tarde y no pensaba esperar ni uno más. Era bien sabido que el carácter agrio del clérigo se debía a una destitución de su cargo en el obispado debido a ciertos asuntos turbios que nunca llegaron a la luz, pero nadie en el pueblo se atrevía a preguntar por miedo a una posible excomunión, amenaza que el cura no paraba de pronunciar en sus oficios. Cuando el sacerdote levantó la vista para apresurar a los retrasados, un enorme barullo llamó su atención, al otro extremo de la plaza mayor venía Doña Esperanza, poniéndose bien las medias y saludando al párroco. El padre Otero no se molesto siquiera en disimular su descontento, no entendía a esa mujer y le molestaba su continua alegría, como si se burlara de él con esa sonrisa arrugada.

La ancianita corría como podía hasta la iglesia pero, tras un ligero traspiés con una losa suelta de la plaza, su bolso se cayó liberando todos sus preciosos tesoros por el pavimento. Doña Esperanza se quedó entre el templo y sus cachivaches, mirando preocupada a cada lado sin saber qué hacer. El sacerdote la miró de arriba abajo con un cierto deje antipático exactamente 13 segundos, el tiempo que tardó el reloj en dar la alarma de las siete en punto. Antes de que Doña Esperanza se diera cuenta siquiera de lo que había pasado, el portal de la iglesia se cerró en sus narices.

-¿Qué voy a hacer ahora? -se preguntaba la viejita mientras recogía una rama de tomillo y un par de canicas transparentes.- Todo el pueblo está ahí dentro y el padre Otero no me dejará entrar. Quizá lo mejor sea que me sienta en este banco y espere a que termine la misa para disculparme. Envuelta en sus pensamientos como estaba la anciana, no se dio cuenta del todoterreno que se paró frente a ella…

127 Hours, de Danny Boyle.


En una sola palabra... insípida. No se cuánto tiempo llevaba esperando para ver esta película; no por el hecho de que Danny Boyle la dirigiera, ni porque tras el filme se escondiera una historia real, sino porque me gustan esas películas que logran transmitirte cierta claustrofobia, y si encima logra sacarme alguna lágrima con la actuación del protagonista, mejor que mejor. Sin embargo, la película no logra ninguno de los efectos que buscaba en los 96 minutos que dura... si al protagonista se le hubiera quedado atrapada la mano en el buzón de su casa cuando recogía el correo habría causado mayor expectación. 

Pese a las continuas grabaciones en las que se despide de sus familiares y amigos, James Franco no consigue conmoverme en ningún momento haciéndome ver, de nuevo, que las nominaciones a los Oscar se deben de vender junto a la sección de contactos de cualquier periódico que se precie. Cabe decir también que es una pena ver a dos actrices como Kate Mara (Stone of Destiny) o Clémence Poésy (In Bruges) haciendo unos papeles tan fugaces...

No todo sobre la película es tan inexpresivo, he de admitir que tanto la banda sonora como la fotografía han sido las verdaderas protagonistas de la película. Mientras que A.R. Rahman logra que la música acompañe al espectador en todo momento, el dúo Mantle-Chediak nos inunda la vista con inmensos paisajes desérticos que aumentan astronómicamente la sensación de soledad del público.

En conclusión, no es una mala película, pero tampoco la recordaréis por mucho tiempo. Danny Boyle no llega a desarrollar del todo una historia ejemplar y emotiva, obteniendo un filme basado en hechos reales, pero de alto presupuesto. Eso sí, cuando la veáis, hacedlo con una botella de agua al lado, os dará sed.

jueves, 17 de febrero de 2011

Hoy estáis de suerte.

Mi primera entrada del blog y solo puedo pensar en lo que dirá cierta persona... sí, al final caí. Pero bueno, dejando todo eso a un lado, a partir de ahora tengo un nuevo lugar donde experimentar con las palabras. Llevo unos días leyendo los relatos cortos que Robert E. Howard escribió teniendo poco menos que mi edad y supongo que me ha acabado inspirando a hacer esto. Os estaréis preguntando qué voy a escribir en este pequeño rincón de internet... bueno, sólo os puedo decir que a estas alturas todavía no tengo claro que pretendo escribir, pero os puedo prometer que será todo aquello que considere digno de leer. Quizá escriba alguna crítica sobre una película o incluso alguno de los microrrelatos que solía compartir en facebook y que, bueno, ya no tiene mucho sentido que siga haciendo; quizá hasta escriba un comentario sobre cuánto odio algún aspecto de mi vida (emo style) o incluso cuánto os odio a alguno de ustedes (hipster style). Pero eso... quizá.

Por tanto, si queréis saber exactamente de qué irá mi blog, tendréis que estar pendientes a las próximas actualizaciones. Creo que se me esta ocurriendo una...