En una sola palabra... insípida. No se cuánto tiempo llevaba esperando para ver esta película; no por el hecho de que Danny Boyle la dirigiera, ni porque tras el filme se escondiera una historia real, sino porque me gustan esas películas que logran transmitirte cierta claustrofobia, y si encima logra sacarme alguna lágrima con la actuación del protagonista, mejor que mejor. Sin embargo, la película no logra ninguno de los efectos que buscaba en los 96 minutos que dura... si al protagonista se le hubiera quedado atrapada la mano en el buzón de su casa cuando recogía el correo habría causado mayor expectación.
Pese a las continuas grabaciones en las que se despide de sus familiares y amigos, James Franco no consigue conmoverme en ningún momento haciéndome ver, de nuevo, que las nominaciones a los Oscar se deben de vender junto a la sección de contactos de cualquier periódico que se precie. Cabe decir también que es una pena ver a dos actrices como Kate Mara (Stone of Destiny) o Clémence Poésy (In Bruges) haciendo unos papeles tan fugaces...
No todo sobre la película es tan inexpresivo, he de admitir que tanto la banda sonora como la fotografía han sido las verdaderas protagonistas de la película. Mientras que A.R. Rahman logra que la música acompañe al espectador en todo momento, el dúo Mantle-Chediak nos inunda la vista con inmensos paisajes desérticos que aumentan astronómicamente la sensación de soledad del público.
En conclusión, no es una mala película, pero tampoco la recordaréis por mucho tiempo. Danny Boyle no llega a desarrollar del todo una historia ejemplar y emotiva, obteniendo un filme basado en hechos reales, pero de alto presupuesto. Eso sí, cuando la veáis, hacedlo con una botella de agua al lado, os dará sed.

A mi tb me dio muchisima sed XD
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