Como todos los días, Nina Sayers (Natalie Portman) examina y cura sus pies, prepara sus zapatillas de ballet y realiza un exhaustivo ejercicio de estiramiento antes de ir a su entrenamiento diario. Pero hoy no es un día como cualquier otro, se rumorea que el director del teatro (Vincent Cassel) busca una nueva bailarina principal para la próxima temporada, que empezara con una reinterpretación de El Lago De Los Cisnes…
Black Swan supone una carrera a contrarreloj por el interior de la mente de la protagonista quién, cuanto más cerca se encuentra el estreno, más se aleja de la cordura. Sin embargo, lo que podría haber sido una buena idea, se desarrolla de un modo tan denso que hace que el espectador pierda el interés en la trama. No solo cuenta con un desarrollo lento y pesado, sino que encima resulta confuso; y, aunque, esa misma pueda ser la intención del director, dicha confusión evoluciona de un modo incoherente, pudiendo haber sido corregida para que fuera algo más gradual y adquiriera su mayor exponente en el final, la única escena que salvaría realmente de la cinta. Añadir, además, que los personajes parecen sacados de un psiquiátrico, la demencia en ellos llega a niveles insospechados, obligando a preguntarme si El Lago De Los Cisnes se va a estrenar en un hospital en vez de en el teatro.
Desafortunadamente, esta vez no pude ver la película en versión original y no gocé de la interpretación de los actores al cien por cien. Pero, pese al doblaje, Natalie Portman ha realizado un papel sensacional, digno de los Oscars, pudiendo ser de las pocas nominaciones con las que estaba de acuerdo. Rota bajo la presión del estreno, Portman es capaz de transmitir la ansiedad del momento con solo un par de segundos contemplándola. No solo ha sabido enfrentarse a una película de tal envergadura como Black Swan, sino que la ha aprovechado para mostrar su verdadero potencial, convirtiéndose en una de las actrices del momento.
En conclusión, una película para “entendidos”, para aquellos que gozan de una capacidad intelectual casi divina que son capaces de, no solo entenderla, sino alabarla. Para el resto de mortales no es más que una película lenta y confusa que, ni en sus momentos más lúcidos, logra involucrar al público, que sentirá que han jugado con él en más de una ocasión.

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